El jueves ganas de sincerías, de copuchar y expresar. Mensajes de ida y vuelta y un chiste. Viernes por la noche, no habían más de diez grados. La temporada de otoño-invierno empezó a marcar presencia. Primero un café individual en uno de los muchos tazones de Garfield con una llamada ajena. Después bufandas, celulares, lentes y cigarros y el frío era oficial. A paso lento comienza la charla, historias de vida, cahuines matutinos y uno que otro amor a primera vista en aquella vereda. Nada fuera de lo común. A la entrada de la Fuente casi termina el panorama y gracias a la violencia y al mozo afectado ya había una mesa para dos. Queso derretido, Coca-Cola, un jugo, la conversación no para. Confesiones por aquí y por allá, consejos, pequeñas ayudas, intercambio de experiencias y la baja temperatura había cesado. La hora avanzaba sin hacerse notar hasta que llegaba la cuenta. Esta vez, la propina se quedaría con el servicio. Fue necesario un baño místicamente simultáneo antes de seguir con los carritos de libros piratas o no (la compra de uno, deseo de otro) y los pocos aros expuestos. Comentario sobre la okupa, el encuentro con el simpático personaje de la clase de Tai Chi y la idea de pasar por un café. Ante el mostrador, el peor servicio de la historia y una confusión entre lo grande y lo chico. En el lugar apartado momento para la relajación, mucha azúcar y café derramado en las blancas mesas como muestra de venganza. Un tipo freestaliando al gordo del bigote muerto de miedo que intenta seguirle el beat. El prototipo de hombre lindo, con auto y solo, a esa hora y en ese lugar. Unas barbies y con un convencimiento de no-felicidad. Sin noción del tiempo, ya era hora de volver a la casa parando antes en aquel mítico parque de rejas renovadas y otra razón más para escapar del frío. La alfombra rosada fue el escenario para continuar con las palabras y anécdotas, más tarde reemplazadas por el computador. Anochecía-amanecía entre videos de grupos totalmente oldies para nuestra generación, videos con bulling cuático y videos del placer culpable que fue ese programa de la tarde. Orden de ir a dormir más un pan de molde, un colchón improvisado, negación a la Metamorfosis y un buenas noches, te quiero.
Por todo lo que siempre compartimos, por todas las risas explosivas y patéticas (el concepto errado), por la amistad que va más allá de la parentela y por ser la única que entiende mi frustración de salir y empezar todo desde cero. Por tu capacidad para ver el mundo con otros ojos, por tus deseos de hacer algo por una mejoría, por tu inteligencia, por esa autoestima existente, por dar nuevas oportunidades a ti y a todos. Por todo eso y más es porque te adoro, prima, porque sé que eres incondicional y que estarás en buenas y malas conmigo como hasta hoy. Así que gracias por este viernes, de todo corazón.
(Y cuida las palabras y lo que digas, engendro del demonio, es un lugar público y no queremos que se enteren de lo conversado)