Creo que ha sido el año más rápido, o quizás lo sentí así porque fue el más corto. Salí de clases un mes antes de lo que había estado acostumbrada, después de doce largos años en el colegio. Y también pensé que aquellas salidas, despedidas y demases iban a ser más traumáticas o emotivas, y que realmente me daría pena irme. Pero no fue tan así, aunque aún quedan ceremonias para ver que pasa. En fin, estoy a una semana exacta de lo que para muchos es la desición de sus vidas, pero no para mí. Prefiero no estresarme y no pensar que por haber hecho esfuerzo las últimas semanas seré víctima de un milagro. Aunque, claro, no me vendría mal... Pero como siempre he dicho: uno cosecha lo que siembra, y eso es lo que haré. Tampoco significa que iré a sentarme al Augusto D'Halmar (así creo que era) con una mala disposición. Una vez, a principios de año, cuando estaba empezando el preuniversitario y estaba haciendo lo posible por cumplir ahí y también en el colegio, una profesora me hizo darme cuenta de que en verdad esta prueba no lo es todo. Se puede repetir las veces que se necesite, pero el colegio, no. Tal vez debería haber hablado con ella antes.
Tuve la suerte de estar los doce años en la misma institución, y digo la suerte porque tengo tantas cosas que allí pasé para recordar por el resto de mi vida. Hice tantas tonteras que costaron anotaciones negativas, que antiguamente me hacían sufrir (hasta que descubrí que en verdad no sirven para nada) y amonestaciones y cosas por el estilo. Pero sin todo eso creo que no tendría anécdotas para contar de mi vida escolar.
Sin embargo, siempre he pensado lo mismo. Estuve doce años en el mismo lugar, con las mismas personas... y ahora tengo que entrar a un lugar nuevo donde, si tengo suerte, tendré un par de compañeros conocidos. Y bueno, es lo que más me da miedo de dejar todo esto que era el Calasanz. Un colegio católico, donde en verdad no es lo que prima, y donde muchas veces sentía que la preocupación de ellos se centraba en el prestigio que podían tener. Pero al final es lógico, ya que si se piensa bien, es un negocio. Aun así agradezco la desición de mis papás de haberlo elegido. Vieron exactamente lo que a mí más me gustaba de ese colegio, y era la infraestructura. Mi mamá siempre me cuenta que nos imaginaba estudiando en las enormes áreas verdes, y de cierta forma lo hice... estudiar, capear y demases.
Como todas las etapas, esta también terminó. Y es curioso, después de tantos años con una misma rutina... pero ahora podré hacer lo que realmente me gusta. Chao biología, chao uniforme, chao a lo que de verdad era simple!

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