
Me he dedicado a escuchar palabras que jamás han salido de su boca. He imaginado gestos que no ha hecho y cariños que nunca tuvieron la intención de ser reales. Me he dedicado a esperar más de lo que aparece en frente mío, a desesperarme y correr en busca de alguien que ya no está. He dejado de disfrutar del quebrar las hojas de otoño porque ya se han acabado. Ya no hay más bicicletas ni música que me haga explotar. Todo es diferente ahora, y solo me he dedicado a intentar encajar en este nuevo cuadro, a mantenerme dentro de esos margenes que sé que van a protegerme, y que con unas gotas de más he atravesado sin perdón alguno. Quiero acabar con todo esto o simplemente que nunca hubiese empezado, pero es todo. No hay quién me responda ni me explique porqué comenzó, y porque tan fácilmente se dio. De dónde fue que nació tanta confianza que de la noche a la mañana ese viento del que siempre amé estar acompañada la dejó caer. No habrá tampoco quien me cuente sus excusas, las que nunca fueron diferentes unas de otras y que sin saber porqué siempre fueron válidas. Pero no se detenga, no deje de hacer sonar aquella melodía que me mantiene dormitando, que me tiene alejada de lo que está de verdad a mi alcance, que me consuela y me dice una vez más que todo está bien, que nunca estuvo mejor. Y si se cortan las cuerdas de esta guitarra, alcance aunque sea un manojo de llaves, pero no deje este cuarto en silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario