lunes, diciembre 24

Pase. Con confianza.

A pesar de ser víspera de Navidad, igual me tocó trabajar. Ir con estos mil grados de calor a buscar a Salvador los mil volantes (y mil en serio) para después partir al Paseo Ahumada a repartir. Llegué temprano, pero mi jefa me había dicho que no podía partir hasta la una. No estaba mi compañero de trabajo y no sabía que hacer, así que fui a darme una vuelta por una galería comercial que hay en la Alameda buscando una tienda de discos y libros que no encontré. Fui al piso de abajo y me sorprendió ver tantos locales de ventanas negras y algunas luces fluorescentes. No es que nunca haya visto un café con piernas por fuera y no supiera lo que era, pero no me imaginé que habían tantos ahí tan por debajo de la tierra. Los hombres pasan por allá mirándolos de reojo, atraídos por la música que se puede escuchar. Y cuando van casi decididos a entrar miran alrededor con cara de pecadores comprobando que nadie conocido que lo pudiera acusar anda por ahí. Me pregunté porqué van, a donde se supone, disfrutarán con tanta culpa o tanta verguenza. Sino, no vayan. Mijito, usted se aguanta y se va a la tienda de al lado a ver qué películas venden.

No hay comentarios: