miércoles, noviembre 28

"Bien, nena, así se habla".

: ¿Estás bien?
: Bárbara, ¿no me ves?
: Bueno, no te preocupes. Ya nos van a largar, ¿no?
: ¿Qué te pasó que te pusiste loquito? ¿Te asustaste porque un hombre me iba a tocar?
: Pará! Encima que te defiendo...
: Claro, ahora te hacés el héroe celoso, el macho, cuando te la pasás corriendo detrás de cualquier pollerita que se te cruza.
: Perdón, es mi vida. ¿Te molesta?
: Yo lo único que sé es que sos un histérico, que te morís por estar conmigo pero te curtís a otras. La verdad es que todo esto ya me cansó, así que ya fué.
: ¿Ya fué qué cosa?

: Esto, esto que no existe ya fué. ¿Por qué no crecés un poco? ¿Por qué no madurás y asumís lo que te pasa conmigo? ¿No te pusiste a pensar que en algún momento me vas a venir a buscar y yo voy a estar ocupada? Porque no sos el único hombre que hay en el mundo, y yo no pienso seguir perdiendo el tiempo con un pendejito inseguro como vos.

domingo, noviembre 25

Hola Ambrositos.


No sé si es acupuntura o un ambrosito-vudú, pero sino supongo que es algo así como un ritual caníbal.
No se me ocurre algo más.

martes, noviembre 20

Qué va!

Me aburrí, me paré, me di media vuelta y me fui.
No estaba para volver a escuchar meras huevadas sin sentido.
Ya no me interesa, el juego terminó.
No quiero que me involucren ni que me llamen para ser parte de más y más tonteras, es justamente lo que ahora no necesito.
Tarde o temprano todo termina y hay que resignarse.
No se puede (o tajantemente, no se debe) llorar sobre la leche derramada.
Porque arrepentirse es estancarse, darse vuelta sobre un mismo tema y no salir de ahí.
El tiempo no se puede volver atrás; asi es.
Así lo conocemos y así va a ser siempre.
Ajo y agua nos dijeron una vez por ahí... a joderse y aguantarse.
Todos sabemos que es así.
No encontrarás avenidas, ni atajos y menos salidas de emergencia para salir corriendo.

That's the way it is (puntofinal)

sábado, noviembre 17

Tuve que ir a la feria.

Si hay algo que me carga de que nos hayamos deshecho del auto es tener que acompañar a mi mamá a la feria, y estas cosas siempre pasan un sábado en la mañana después de un buen carrete y cuando el sol no puede estar más desagradable.
Hoy día mientras estaba parada en el puesto de pescado (sin duda, el que más odio), pasó un tipo vestido con una camisa a cuadros, pantalones beige y zapatillas deportivas. Me llamó la atención; andaba vendiendo alfajores, cuchuflís y todos esos típicos dulces chilenos. La señora del pescado le compró unos cuantos.
No es como normal ver a un mino así y vendiendo eso, precisamente en la feria. Pensé que quizás estaba recién casado, con un niñito de tres años y una esposa que tenía el peor trabajo del mundo. Él estaba trabajando en una pequeña empresa donde ganaba mal, y a la primera reducción de personal terminó patitas en la calle (amo ese término). Llegó a su casa con la triste noticia de que estaba cesante y que los problemas económicos iban a empezar. La mujer llegaba como a las seis todos los días, y se dedicó a hacer aquellos pastelitos. Y él, como el hombre de la casa, tuvo que armarse de valor e ir a vender el sábado en la mañana los nuevo productos. Gritando con educación y un poco nervioso se hacía promoción, y contento como un niño con un juguete nuevo, recibió las monedas que la señora del pescado le pasó a cambio de dos afajores. Orgulloso lo vi perderse en los estrechos pasillos llenos de gente con sus carros, la mitad de la mercadería en el suelo y esa fresca mezcla de colores que, a pesar de todo, solo se encuentra en la feria.

jueves, noviembre 1

Fue en una clase con Claudio Parra.

No pensar en nada. No tener tema. Blanco, todo blanco, un cuarto blanco, la luz haciendo reflejos. Se interrumpe la calma, la serenidad, el silencio. El silencio intenta volver, no puede, no logra. Nadie lo logra, nadie llega, nadie alcanza. No se puede.
Palabras negativas, positivas, de aliento, crítica, sinceridad, mentira. Solo palabras al aire, sin sentido, incoherencia, incomprensibles que no dicen nada, no se consigue nada, no llegan a nada.
Pensar en nada, en blanco, garabatear en un espacio en blanco, en un cuarto blanco y la luz. Qué se puede conseguir, qué se logra. No encuentro, no entiendo. No alcanzo.
Repito, reitero, vuelvo a decir, a pensar, a gritar, a escuchar. Todo es lo mismo, en un círculo vicioso que sigue en blanco.
No hay un tema, no se piensa en nada.
Blanco se transforma en más que una palabra, más que un color, más que un tono, más que un estado.
Pensamientos intentan entrar al cuarto, golpean, interrumpen, quieren llegar y acabar con este estado de incoherencia, de inconciencia, de algo incomprensible, de algo que no existe, de algo que da vueltas, vueltas, vueltas, como en un círculo. Círculo vicioso.
Palabras interminables llenan este blanco, interminables, no acaban, aparecen una y otra vez sin sentido, sin un camino a seguir, sin una visión, sin un trabajo, sin un fin en particular, algo que no se detiene, que sigue, sigue, sigue y sigue.
No se controla, no entiende, se concentra y continúa. Empieza una y otra vez, sin parar, no se detiene, no para, no se detiene, no para.
El círculo gira y gira y llega a su fin. La luz se apaga y el cuarto blanco, el espacio blanco, la mente en blanco: se oscurece. Se hace negro, desaparece. Los pesamientos atraviesan, entran, aparecen. Se ubican. Incoherencia.