
El primer encuentro: millones de peldaños que bajar, saltados en corto tiempo para no llegar tarde, mientras a un costado pasa una escalera mecánica, y deseo que fuera en ambos sentidos. Paso la tarjeta cargada prestando atención para escuchar el bip y avanzar. Mirando la televisión o los conciertos y obras de teatro que se harán en el mes, espero a que llegue un nuevo tren; lleno, medio vacío, con espacio para sentarme en el suelo, si tengo suerte ver un asiento desocupado, sino solo me afirmo del fierro, o me apoyo en la ventana y trato de no perder el equilibrio. Pienso en el camino que debo hacer y en el hecho, lo que fue el día de hoy y lo que haré al llegar a mi destino. Miro por la ventana y solo veo negro, algunas luces derrepente. Blanca, blanca, blanca, azul, blanca, azul, blanca, blanca y en una fracción de segundos otro tren pasa en dirección contraria. Algunos leen el diario, repasan materias, tratan de conversar entre todo el ruido sordo, o fijan la mirada en el infinito mientras la música que escuchan se escapa por el espacio entre el oído y el auricular. Nueva estación, todo se detiene, gente entra, gente sale. Sigo flechas y camino como si el tiempo en persona viniera alcanzandome. Subo escaleras, más indicaciones, nuevos colores, propaganda... Es un efecto curioso el del metro.

1 comentario:
Ooh, me encanta andar en metro. Recuerdo que la primera vez fue camino a Fantasilandia y con mi hermano nos quedabamos parados y cuando el metro frenaba, nos caíamos en los asientos. Era muy Face.
Hace mucho que no lo uso, bueno aca no hay.
Saludos Triny, está Face tu blog!
V.
Publicar un comentario